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Duaca, a un ritmo imparable...

Gran Fiesta de la Juventud:

El sábado 10 de abril algunos jóvenes del Oratorio asistieron a la Gran Caminata por la Paz. Una actividad organizada por la Pastoral Juvenil Arquidiocesana de Barquisimeto que se realizó en la Catedral de Barquisimeto a las 3:00 pm. Con miles de jóvenes de diferentes grupos inició la Misa en acción de gracias por cada unos de los presentes y orando por la Paz Mundial.; finalizó con aplausos, música y la bendición de Dios. Para dar apertura a la Caminata de los Jóvenes con pitos, pancartas, tambores y mucha alegría salieron de la Catedral para recorrer la avenida Venezuela. Cantando, divirtiéndose y proclamando la paz. Finalmente la caminata concluyó en la Flor de Venezuela con un gran concierto y la presentación stands con información, libros y folletos de diferentes congregaciones a nivel mundial.
¡Casi 5 mil jóvenes caminando unidos por el amor de Jesús y María deseando paz por doquier!

Infancia Misionera Divino Niño: 
En Infancia se inició con cantos, dinámicas y la oración, acompañados de la alegría de los niños el tema formativo tuvo como nombre "Sueños y Metas" reflejando el sueño que Don Bosco tuvo a los 9 años. Viviendo una experiencia diferente los niños acostados cerraron sus ojos con el fin de recordar alguno de sus sueños, hecho esto, los animadores harían entrega de un globo por niño donde escribirían sus sueños y metas, entonces los animadores intentarían explotarles el globo a los niños y ellos debían protegerlo; la actividad fue dinámica, divertida y educativa cuya enseñanza es no dejar que nadie interrumpa o destruya sus sueños y metas.
En el momento de deporte se hizo una distribución de 3 equipos para fortalecer su trabajo en grupo y para lograr la compenetración en todos. La tarde culminó con una merienda y la oración.

Segunda Formación Misionera:
El domingo 11 de abril, más de 100 chicos asistieron a la formación misionera, comenzando con la Celebración de la Palabra y luego con algunos cantos y dinámicas. Los jóvenes a través dela proyección de vídeos conocieron un poco el trabajo misionero de los animadores del Centro Juvenil con el fin de motivarlos y mostrarles lo que se hace en la Jornada de Semana Santa donde serán partícipes si cumplen con las 4 formaciones de Fiebre Misionera y están dispuestos a vivir una nueva experiencia.
Se dio inicio a la formación distribuyendo a los chicos en 5 grupos, con la ayuda de los animadores reflexionarían acerca de las vivencias de Jesús en Semana Santa como Domingo de Ramos, Lavatorio de los Pies, Última Cena, el Nazareno y la Pasión de Cristo; luego de haber analizado y compartido ideas lo presentaron mediante dramatizaciones a los demás grupos. Finalizando con la oración y la invitación a seguir formándose.

Una buena oración de sanación para Cuaresma

Ayer me dijo una persona: "No se me ocurre ninguna buena idea para mi sacrificio de cuaresma. ¿Me sugiere algo que usted crea que le agrade a Jesucristo?" 

A los sacrificios de cuaresma se les da con frecuencia un enfoque negativo: cosas a las que hay que renunciar. Personalmente prefiero el enfoque positivo: vencer el mal con el bien (Rm 12,21), hacer el bien. 

Abstinencia, ayuno, abnegación, renuncia, son palabras que se ponen de moda en cuaresma. Renunciar a cosas agradables es difícil, supone sacrificio. También supone sacrificio ser generoso, salir de sí mismo y pensar en el bien del otro antes que en el propio. 

Cuando Jesucristo tenía la cruz delante dijo que él daba su vida voluntariamente: "Nadie me la quita, yo la doy por mí mismo." (Jn 10,18a) Fue un acto de generosidad. El sacrificio de Jesucristo fue poner amor y poner el mayor amor posible. 

Si aún no encuentras qué sacrificio de cuaresma puedes ofrecer a Jesucristo, tal vez te interese esta idea: Orar por tus enemigos y por aquellas personas que te han hecho sufrir o te resultan pesadas. La oración de intercesión consiste en una petición en favor de otro. No conoce fronteras y se extiende hasta los enemigos, nos dice el Catecismo de la Iglesia Católica en el n. 2647. 

¿Y por qué lo propongo como sacrificio de cuaresma? Porque cambiar la herida en compasión y purificar la memoria transformando la ofensa en intercesión (cfr. Catecismo 2843) es un camino de conversión. 

Es también oración de sanación, porque una oración así sana las heridas del corazón, purifica el rencor, prepara al perdón, ensancha el corazón. 

"Interceder, pedir en favor de otro, es, desde Abraham, lo propio de un corazón conforme a la misericordia de Dios. En el tiempo de la Iglesia, la intercesión cristiana participa de la de Cristo: es la expresión de la comunión de los santos. En la intercesión, el que ora busca "no su propio interés sino el de los demás" (Flp 2,4), hasta rogar por los que le hacen mal". (Catecismo 2635) 

Lo más difícil de este sacrificio es hacer la oración con un corazón que ha conocido la conversión. Cuando hagamos oración por las personas que nos resulten pesadas o nos hayan hecho daño, hay que hacerlo poniendo buenos sentimientos. No es un: "Te suplico, Señor, que esta persona se muera cuanto antes, pues no la soporto", sino de verdad poner amor, como Jesús: "El cual, habiendo ofrecido en los días de su vida mortal ruegos y súplicas con poderoso clamor y lágrimas al que podía salvarle de la muerte, fue escuchado por su actitud reverente, y aun siendo Hijo, con lo que padeció experimentó la obediencia; y llegado a la perfección, se convirtió en causa de salvación eterna para todos los que le obedecen" (Hb 5,7-9). 

¿A quién se le ocurre orar por los enemigos, por las personas insoportables, por quienes no nos perdonan, por aquellos que nos han herido, por quienes nos ofenden y hacen daño, por los seres queridos que nos hacen sufrir? A un buen cristiano. 

Poner amor como un acto generoso y gratuito es un modo de construir la civilización del amor. La civilización del amor también se construye orando por aquellos a quienes hemos hecho sufrir y por quienes nos han hecho sufrir. Como dice la canción: Si amo la flor, amo también sus espinas. Sólo el amor nos hace grandes, sólo el amor hace ver que es precisamente lo que duele lo que hace al hombre amable entre los seres. 

Te propongo que al terminar de leer este artículo pienses en alguien que te cueste tratar, o en alguna persona que te haya hecho daño, o en alguien que se dedique a ofenderte, y que reces por él. Y puedes rezar también por aquellos que sienten lo mismo respecto a ti. Hacerlo todos los días de cuaresma sería lo mejor.  

¡Encontraron a su Media Naranja!


El domingo 4 de marzo comenzó “fiebre misionera”, una actividad hecha para los jóvenes mayores de 14 años; dictada y llevada por e grupo Pastoral Salesiano del Centro Juvenil.

El primer tema formativo que se llevo a cabo tuvo como nombre “conoce tu media naranja”, con el fin de crear la intriga y la motivación de los jóvenes a descubrir su mitad, cabe mencionar que la mayoría pensó que iba en busca de pareja, pero se llevaron una grata sorpresa.

La actividad inicio con dinámicas rompe hielo e integración; siendo de provecho el marco del tiempo litúrgico que se vive los participantes tuvieron la oportunidad de expresar e intervenir acerca de sus conocimientos de la cuaresma; seguido de la proyección de un video juvenil donde la frase mas llamativa y repetida era “es tiempo de”.

Llego la parte interesante de la formación cuando preguntaron a los participantes ¿Quién es tu media naranja? A lo que los jóvenes respondieron lo que comúnmente la sociedad cataloga “es mi novio o novia”; pera para ayudar a que ellos encontraran su media naranja los animadores hicieron una dramatización llamada “Jesús estrella” donde se dieron cuenta que nuestra compañía ideal, nuestra mitad “nuestra media naranja es Jesús”.

Se culmino con la oración y con la invitación a asistir a las demás formaciones.








Barquisimeto: 1ra Formación de Misioneros

En Barquisimeto, específicamente en el Colegio María Mazzarello se dio inicio éste sábado 03 de marzo a la 1ra formación de Misioneros. Con una asistencia de 30 personas en su totalidad jóvenes, la mayoría sin experiencia de misión y en parte para ellos fue destinado el primer tema de formación, sin embargo también participaron jóvenes con experiencia misionera.

Los temas fueron desarrollados por Johanna Hernández y Emmanuel Soteldo; Cuaresma como camino hacia Jesús, momento idóneo para cambiar espiritualmente y ser mejores personas aplicando las tres herramientas que Jesús nos propone: Limosna, ayuno y oración; y el verdadero sentido de la Semana Santa, tiempo culmen de la vida de Cristo en la tierra.

El trabajo personal fue el de Desierto, 40 minutos de desierto. En ésta dinámica resonaron en plenaria testimonios de jóvenes a los cuales citamos "fueron cacheteados" con su propia introspección interior y con la ayuda de las citas biblicas de Mt 7: 7-11. Mt 11: 24-28 y Ezequiel 36: 24-29 muchos se sintieron identificados y personalmente cada uno decidió afrontar un comprimiso personal para poder de esta manera vivir mejor el tiempo de Cuaresma.




Cuaresma, un recordatorio de cómo Dios nos quiere

Cuaresma, un reencuentro con Jesús...
(De Catholic.net) Toda la Cuaresma, con su constante invitación a la conversión, es un hermoso recordatorio de cómo Dios nuestro Señor nos quiere, a todos y cada uno de nosotros, plenamente santos, absolutamente santos. "Purifíquense de todas sus iniquidades, renueven su corazón y su espíritu, dice el Señor". 

La ley de santidad, que nos exige y que nos obliga a todos, se convierte en un imperativo al que nosotros no podemos renunciar. Pero seríamos bastante ingenuos si esta ley de santidad pretendiéramos vivirla alejados de lo que somos, de nuestra realidad concreta, de los elementos que nos constituyen, de las fibras más interiores de nuestro ser. Seríamos ingenuos si no nos atreviéramos a discernir en nuestra alma aquellas situaciones que pueden estar verdaderamente impidiendo una auténtica conversión. La conversión no es solamente ponerse ceniza, la conversión no es guardar abstinencia de carne, no es sólo hacer penitencias o dar limosnas. La conversión es una transformación absoluta del propio ser. 

"Cuando el pecador se arrepiente del mal que hizo y practica la rectitud de la justicia, él mismo salva su vida si recapacita y se aparta de los delitos cometidos; ciertamente vivirá y no morirá". 
Esta frase del profeta Ezequiel nos habla de la necesidad de llegar hasta los últimos rincones de nuestra personalidad en el camino de conversión. Nos habla de la importancia de que no quede nada de nosotros apartado de la exigencia de conversión. Y si nosotros quisiéramos preguntarnos cuál es el primer elemento que tenemos que atrevernos a purificar en nuestra vida, el elemento fundamental sin el cual nuestra existencia puede ver truncada su búsqueda de santidad, creo que tendríamos que entrar y atrevernos a examinar nuestros sentimientos. 

¡Cuántas veces son nuestros sentimientos los que nos traicionan! ¡Cuántas veces es nuestra afectividad la que nos impide lograr una real conversión! ¡Cuántos de nosotros, en el camino de santidad, nos hemos visto obstaculizados por algo que sentimos escapársenos de nuestras manos, que sentimos írsenos de nuestra libertad, que son nuestros sentimientos! Los sentimientos, que son una riqueza que Dios pone en nuestra alma, se acaban convirtiendo en una cadena que nos atrapa, que nos impide razonar y reaccionar; nos impiden tomar decisiones y afirmarnos en el propósito de conversión. La penitencia de los sentimientos es el camino que nos tiene que acabar llevando en todas las Cuaresmas, más aún, en la Cuaresma continua que tiene que ser nuestra existencia, hacia el encuentro auténtico con Dios nuestro Señor. 

Jesucristo, en el Evangelio, nos habla de la importancia que tiene el ser capaces de dominar nuestros sentimientos para poder lograr una auténtica conversión. La Antigua Ley hablaba de que el que mataba cometía pecado y era llevado ante el tribunal, pero Cristo no se conforma simplemente con esto; Cristo va más allá en lo que tiene que ir haciendo plena a la persona. Jesucristo nos invita, como parte de este camino de conversión, a la purificación de nuestros sentimientos, a la penitencia interior cuando nos dice: "Todo el que se enoje con su hermano, será llevado hasta el tribunal". 

En cuántas ocasiones nosotros buscamos quién sabe qué mortificaciones raras y andamos pensando qué le podríamos ofrecer al Señor, y no nos damos cuenta de que llevamos una penitencia incorporada en nosotros mismos a través de nuestros sentimientos. No nos damos cuenta de que nuestros sentimientos se convierten en un campo en el que nuestra vida espiritual muchas veces naufraga. 

¡Cuántas veces nuestros anhelos de perfección se han visto carcomidos por los sentimientos! ¡Cuántas veces el interés por los demás, porque los demás crezcan, por ayudar a los demás, se ha visto arruinado por los sentimientos! ¡Cuántas veces un deseo de una mayor entrega, un interés por decirle a Cristo «sí» con más profundidad, se ha visto totalmente apartado del camino por culpa de los sentimientos! No porque ellos sean malos, porque son un don de Dios, y como don de Dios, tenemos que hacerlos crecer y enriquecernos con ellos. Pero, tristemente, cuántas veces esos sentimientos nos traicionan. Nuestra conversión, para que sea verdadera, para que sea plena, tiene que aprender a pasar por el dominio de nuestros sentimientos. Y para lograrlo, la gracia tiene que llegar tan hondo a nuestro interior, que incluso nuestros sentimientos se vean transfigurados por ella. 

¿Cuál es el camino para esto? El camino es el examen: "Si cuando vas a poner tu ofrenda sobre el altar te acuerdas allí mismo de que tu hermano tiene una queja contra ti [...]". Entrar constantemente dentro de nosotros mismos y vigilar nuestra alma es el camino necesario, ineludible para poder llegar a vivir esta penitencia de los sentimientos. Es el camino del cual no podemos prescindir para tener bien dominada toda esa corriente que son los sentimientos, de manera que no perdamos nada de la riqueza que ella nos pueda aportar, pero tampoco nos dejemos arrastrar por la corriente, que a veces puede llevarnos lejos de Dios nuestro Señor. 

Para entrar en nosotros es necesario que la memoria y el recuerdo se transformen como en un espejo en el cual nuestra alma está siendo examinada, percibida constantemente por nuestra conciencia, para ver hasta qué punto el sentimiento está enriqueciéndome o hasta qué punto está traicionándome. Hasta qué punto el sentimiento está dándome plenitud o hasta qué punto el sentimiento me está atando a mí mismo, a mi egoísmo, a mis pasiones, a mis conveniencias. 

Vigilar, estar atentos, recordar, pero al mismo tiempo, es fundamental que el camino de conversión no simplemente pase por una vigilancia, que nos podría resultar obscura y represiva, sino es necesario, también, que el camino de conversión pase por un enriquecimiento. Si alguien tendría que tener unos sentimientos ricos, muy fecundos, ése tendría que ser un cristiano, tendría que ser un santo, porque solamente el santo -el auténtico cristiano- potencia toda su personalidad impulsado por la gracia, para que no haya nada de él que quede sin redimir, sin ser tocado por la Cruz de Cristo. 

Cristo, cuando está hablando a los fariseos les dice: "Si su justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, no entrarán ustedes en el Reino de los Cielos". No podemos quedarnos con una justicia del «no harás», tenemos que buscar una justicia del «hacer», del llevar a plenitud, del enriquecimiento, que es parte de nuestra conversión. Y en este sentido, tenemos que estar constantemente preguntándonos si ya hemos enriquecido todos nuestros sentimientos: el cariño, el afecto, la ternura, la compasión, la sensibilidad; todos los sentimientos que nosotros podemos tener de justicia, de interés, de preocupación; todos los sentimientos que podemos tener de acercamiento a los demás, de percepción de las situaciones de los otros. ¿Hasta qué punto nos estamos enriqueciendo buscando cada día darle más cercanía a la gracia de Cristo? 

Dice el salmo: Perdónanos Señor y viviremos. En estas tres palabras podríamos encerrar esta penitencia de los sentimientos. Que el Señor nos perdone, es decir, que nos purifique. Llegar a limpiar los sentimientos de todo egoísmo, de toda preocupación por nosotros mismos, de toda búsqueda interesada de nosotros. Pero no basta, hay que vivir de ese perdón; de esa purificación tiene que nacer la vida y tiene que nacer un enriquecimiento nuestro y de los demás. 

El camino de conversión es difícil, exige una gran apertura del corazón, exige estar dispuestos, en todo momento, a cuestionarnos y a enriquecernos. Hagamos de la Cuaresma un camino de enriquecimiento, un camino de encuentro más profundo con Cristo, un camino en el que al final, la Cruz de Cristo haya tocado todos los resortes de nuestra personalidad. 

¿Por qué ir de Misión?

"Da la Vida" es el eslogan de las Misiones 2012
La Semana Santa está a las puertas y posiblemente algunos de ustedes estén pensando aún cómo pasar esos días o se debatan en la duda de ir o no ir de misiones. Les ofrecemos cuatro motivos:

1º) El tiempo entregado a Dios y a los demás es la mejor inversión. Nos pasamos la vida enredados en miles de ocupaciones inmediatas, muchas veces banales e intrascendentes, que absorben la casi totalidad de nuestro tiempo en el estrecho horizonte del «aquí y ahora», y nos pesa tal vez no encontrar el tiempo ni la ocasión propicia para hacer el bien y dedicarnos más a Dios. Dios te sirve ahora, en bandeja, las misiones de Semana Santa: una oportunidad estupenda -quizá la única durante el año- para dedicar tu tiempo sólo para Dios y para los demás. Tiempo de gracia, tiempo de Dios, que puedes invertir en algo que quede para la eternidad. Teme este tiempo de Dios que pasa y no vuelve. Ahora puedes hacerlo; mañana quizá ya sea tarde. 

¡Fiebre Misionera en Duaca!
Jesús te invita... (Click en la imagen)
2º) Tus hermanos te necesitan. Dios te necesita. Es un hecho misterioso pero real: Dios ha querido que tu salvación y la de otras almas, el número y las circunstancias sólo Él las conoce, estén dependiendo de tu correspondencia a la gracia. Eres instrumento de salvación, la ocasión providencial para que muchas personas puedan encontrarse con Cristo. Dedicar o no una semana al año para evangelizar no es sólo una cuestión privada, como tampoco lo es la realización o no de tu misión en la vida: hay mucho en juego. Somos miembros de un Movimiento cuya razón de ser, cuya única motivación es la de extender el Reino de Cristo: ¡Venga tu Reino! Y este Reino sufre violencia; y este Reino no es para nosotros un motivo de gloria, sino un deber que nos incumbe, que nos urge, ya, ahora: «¡ay de mí si no predico el Evangelio!» (cf. 1Cor 9,16). 


3º) Te hace mucho bien; lo necesitas. Si estás dudando, si te encuentras sopesando en la balanza el sí o el no, es señal de que necesitas ir de misiones. ¿Te encuentras tibio, tal vez frío en tu vida espiritual, apagado tu entusiasmo por Cristo, sientes que te falta algo? Haz apostolado, sal de ti mismo y entrégate a los demás; encontrarás así aquello que te falta, te encontrarás con ese Cristo que tal vez aún no conoces, te encontrarás contigo mismo. Dale la oportunidad a Dios de entrar en tu vida, en tu hogar, en tu mundo… Tú tienes eso que ellos buscan y tú buscas eso que ellos tienen. Preocúpate de Cristo y de su Reino y Él se ocupará de tus cosas. Y Él tiene la solución a todos tus problemas e interrogantes, la respuesta seguramente la encontrarás en las misiones. 

En Barquisimeto también se abre la invitación. ¡Se parte de
esta aventura y Da la Vida! (Click en la imagen)
4º) Le darás un gusto inmenso a Cristo crucificado. En el Calvario asistimos a una de las escenas más hermosas y a la vez más tristes del Evangelio. Jesús, que realiza su acto supremo de entrega por amor a cada uno de nosotros, y que en esos terribles momentos de sufrimiento, muere solo, abandonado por los suyos. ¿Tendrá que repetirse de nuevo la historia de ese primer Viernes Santo? A ti te corresponde ocupar el puesto de san Juan, acompañar a Cristo, sostener a María en su dolor. Las misiones de Semana Santa son una excelente oportunidad para manifestar nuestra gratitud filial a María y nuestro amor real a Jesucristo, nuestro Redentor. 

Mira a Cristo crucificado, y si crees que Él te lo está pidiendo, pon tu agenda, tu tiempo de descanso en la cruz de Cristo. «Tengo sed, sed de almas, ayúdame a saciar esta sed…». Si hoy escuchas este ruego de Cristo, no endurezcas tu corazón, vete de misiones esta Semana Santa. Vete a servir a tus hermanos, vete a servir a la Iglesia. Dale ese pequeño gusto a Dios que lo ha dado todo por ti; date a ti mismo, a tu familia y amigos este gran regalo, esta oportunidad irrepetible. Y si te cuesta mucho, si tienes que renunciar a otras cosas, te felicito, porque así puedes ofrecerle a Dios algo que de verdad valga la pena. Te puedo asegurar que Dios no dejará de premiar con creces tu generosidad. 

Y una última cosa: si vas, no vayas solo. Llévate a un amigo.

Miércoles de Ceniza

Iniciamos la Cuaresma, la cual termina el jueves santo, y después continúa con la celebración del Triduo Pascual formado por el viernes santo, el sábado santo y el Domingo de Resurrección. Son cuarenta días en que acompañamos a Jesús en el recorrido hacia su Pasión, Muerte y Resurrección. 
Cuarenta es un número simbólico que nos recuerda los cuarenta días y cuarenta noches que pasó Jesús en el desierto antes de iniciar su vida pública. Así como los cuarenta días que pasó Moisés en el Sinaí, los cuarenta años del pueblo judío en busca de la tierra prometida. Y podríamos añadir las cuarenta horas desde la muerte de Jesús en la cruz hasta el amanecer del Domingo de Resurrección.
Las cenizas que se utilizan el día de hoy, se obtienen quemando las palmas usadas el Domingo de Ramos del año anterior, lo cual nos recuerda que lo que fue signo de triunfo pronto se reduce a nada.

Anteriormente al imponer la ceniza se decía: 

“RECUERDA QUE POLVO ERES Y EN POLVO TE CONVERTIRÁS”, palabras tomadas del Génesis (Gen 3;19), recordándonos como dice el mismo Génesis, que Dios formó al hombre del polvo de la Tierra.

Era un mensaje que nos hacía ver lo transitorio de la vida y nos obligaba a pensar lo frágiles que somos y en que no debemos dar tanta importancia a las cosas materiales de esta vida, sino reflexionar en lo fundamental, que es la preparación para la vida eterna..

Aunque desde luego, todo esto es muy importante, es necesario que dejemos de ver el Miércoles de ceniza y en general, la Cuaresma como algo negativo: arrepentimiento, muerte, regreso al pasado y verlo como un signo positivo, un renovar y recorrer junto a Jesús el camino, hasta llegar a la Pascua de Resurrección, que es el triunfo sobre la muerte, la alegría de la vida eterna.

El Concilio Vaticano II propuso cambiar el texto y la idea anterior y substituirlo por el primer mensaje de Jesús: 

«CONVIÉRTETE Y CREE EN EL EVANGELIO (Mc 1;1,15)» 

Pero ¿qué significa convertirse?, ¿qué es creer?, ¿qué quiere decir Evangelio?. 

CONVERTIRSE: En el Antiguo testamento significaba regresar, era un arrepentirse de la vida actual y dar marcha atrás. Un volver al cumplimiento de la ley.

En el Nuevo Testamento con Jesús cambia totalmente el significado, es seguirlo a Él, incluye desde luego el arrepentimiento de las faltas y la penitencia, pero no debe quedar ahí, es ver y caminar hacia delante, es aceptar el don gratuito de la salvación que nos ofrece directamente Dios.

El cristianismo no empieza por la ley, a la que respeta, pero a la que supera y trasciende a través del Amor y por la Gracia, la que se nos da y nos llega por la iniciativa de Dios y después el hombre acepta la gracia y da su amor al convertirse, volviendo así al amor un flujo continuo entre Dios y el hombre.

CREER: La Fe es la entrada al nuevo camino; es iniciarlo, permanecer y confiarse; es responder Sí a la propuesta de Dios; es entregarse a la Palabra creadora del mundo y a la Verdad; es creer en un solo Dios en Tres Personas, descubriéndolo en Cristo Jesús.

EVANGELIO: Evangelio es una palabra de origen griego que significa “Buena Noticia” ó “Buena Nueva”. Es la Palabra de Dios, del Dios-Hombre, de Jesús, inspirada por el Espíritu Santo a los cuatro evangelistas, que narran la vida, los milagros y el mensaje de Jesucristo.

¿Y cual es la Buena Nueva? Es la nueva y definitiva alianza de Dios con el hombre, enviando a su propio hijo, para nuestra salvación; Es aceptar la invitación a la Felicidad Eterna, es seguir a Jesús, tal como Él mismo nos dijo: «Yo Soy el Camino, la Verdad y la Vida, nadie va al Padre sin mí» 
(Jn 14; 6)

Como vemos, la ceniza no es un rito mágico, no nos quita nuestros pecados, para ello tenemos el Sacramento de la Reconciliación. La ceniza es un signo de arrepentimiento, de penitencia, pero sobre todo de conversión. Es el inicio del camino de la Cuaresma, para acompañar a Jesús desde su desierto hasta el día de su triunfo sobre la muerte que es el Domingo de Resurrección. 

Debe ser un tiempo de reflexión de nuestra vida, de entender a donde vamos, de analizar como es nuestro comportamiento con nuestra familia y en general con todos los seres que nos rodean.

En estos momentos al reflexionar sobre nuestra vida, debemos convertirla de ahora en adelante en un seguimiento a Jesús, profundizando en su mensaje de amor y acercándonos en esta Cuaresma al Sacramento de la Reconciliación (que antes llamábamos confesión), que como su nombre mismo nos dice, representa reconciliarnos con nosotros mismos, con nuestros semejantes y finalmente con Dios y sin reconciliarnos con Dios y convertirnos internamente, no podremos seguirle adecuadamente.

Está Reconciliación con Dios está integrada por el Arrepentimiento, la Confesión de nuestros pecados, la Penitencia y finalmente la Conversión.

El arrepentimiento debe ser sincero; reconocer tanto las faltas que hemos cometido así como las acciones y obligaciones que debimos haber hecho y tener el firme propósito de corregirnos, (como decimos en el “Yo Pecador”: en pensamiento, palabra, obra y omisión), 

La confesión de nuestros pecados.- el arrepentimiento de nuestras faltas, por sí mismo no las borra, sino que necesitamos para ello la gracia de Dios, la cual llega a nosotros por la absolución de nuestros pecados expresada por el sacerdote en la confesión.

La penitencia que debemos cumplir empieza desde luego por la que nos imponga el sacerdote en el Sacramento de la Reconciliación, pero debemos continuar con la oración, que es la comunicación íntima con Dios, con el ayuno, que además del que manda la Iglesia en determinados días, es la renuncia voluntaria a diferentes satisfactores con la intención de agradar a Dios y con la caridad hacia el prójimo.

Y finalmente la Conversión que como hemos dicho es ir hacia delante, es el seguimiento a Jesús.

Es un tiempo como decíamos de pedir perdón a Dios y a nuestro prójimo, pero es también un tiempo de perdonar a todos los que de alguna forma nos han ofendido o nos han hecho algún daño. Pero debemos perdonar a todos antes y sin necesidad de que nadie nos pida perdón, recordemos como decimos en el Padre Nuestro, muchas veces repitiéndolo sin meditar en su significado, que debemos pedir perdón a nuestro Padre, pero antes tenemos que haber perdonado sinceramente a los demás. 

Y terminemos recorriendo al revés nuestra frase inicial, diciendo que debemos escuchar y leer el Evangelio, meditarlo y Creer en él y con ello Convertir nuestra vida, siguiendo las palabras del Evangelio y evangelizando, es decir transmitiendo su mensaje primeramente con nuestras acciones y también con nuestras palabras.del Triduo Pascual formado por el viernes santo, el sábado santo y el Domingo de Resurrección. Son cuarenta días en que acompañamos a Jesús en el recorrido hacia su Pasión, Muerte y Resurrección. 

¿Carnaval o Cuaresma? Tú decides...

¿Y tú, también te pones esas máscaras?
Tiempo atrás (aunque no mucho) había gente que celebraba ambas cosas: el Carnaval y la Cuaresma. Sin embargo, lo hacían muy a su manera. En carnaval: máscaras, narices y bocas postizas. En cuaresma: compostura, devociones y cara mustia, pero quizá igual de postizas. Hasta resultaba difícil saber cuándo habían logrado disfrazarse mejor...

Ciertas personas vivían tres días siendo, al cien por ciento, lo que de verdad eran. Y luego, durante cuarenta días, se dedicaban a fingir lo que en realidad no eran. Durante el carnaval, actuaban con un poco o bastante desenfreno, ocultando tras una máscara la vergüenza. En la cuaresma lograban dar la impresión de penitencia y religiosidad sinceras al andar medio cabizbajos en “ayunas”, o al sacar de vez en cuando el rosario a tomar el aire. Así que, en cuaresma, sin esconderse detrás de una careta, andaban igual de enmascarados que en carnaval, pero aparentando lo que no eran. Y, curiosamente, por esa hipocresía no parecían sonrojarse demasiado.

Hoy día, aunque lo de tiempo atrás no es todavía agua pasada y se siguen celebrando las dos, la cosa ha cambiado ligeramente. Da la impresión de que ahora algunas personas viven en un carnaval más o menos continuo. Carnaval en Adviento, en Navidad, en tiempo ordinario, en Semana Santa, en Pascua y, por supuesto, también en Cuaresma. Lo que antes algunos y algunas se permitían sólo en los tres días de carnaval, hoy otros y otras se lo conceden más habitualmente como lo más normal del mundo. Claro, es lo que se lleva ahora, lo que todos hacen... Van o mejor dicho se dejan ir con la corriente.

Sí, realmente parecen de carnaval las pintas que ahora lucen algunos jóvenes. Parecen de carnaval esas cabezas con crestas y tonalidades extrañas; esas chamarras de cuero negro con más cadenas que el Fantasma de Canterville; esos rostros con más aretes que el logotipo de los juegos olímpicos. Y de carnaval, además, parecen algunos de sus comportamientos, que se deshacen de la dignidad con la que debería conducirse una persona humana.

Podríamos decir que también carnaval es cuando uno, con o sin carátula, no es lo que debería ser. Carnaval es cada vez que un hijo no es buen hijo, cada vez que unos padres no son buenos padres, cada vez que dos novios no actúan como tales. Carnaval es cada vez que, en su actuar, un hombre es algo menos que hombre y una mujer algo menos que mujer.

Tristemente, hay gente que vive como en un carnaval sostenido, digamos en do menor. 

Y entonces ¿a qué se dedica esa pobre gente en los días de carnaval? Muy sencillo. Los famosos tres días de carnaval viven el carnaval ordinario, pero a tope, a la enésima potencia. Carnaval sostenido, por tres días -con sus noches-, pero en do mayor. Carnaval a lo grande. Carnaval extra-concentrado. Carnaval, carnaval. Tres días de careta sobre la careta incorporada que ya llevaban, para seguir haciendo lo mismo, pero con evidentes excesos.

¿O tomas ese tiempo para reflexionar?
Menos mal, sin embargo, que a pesar de todo, hoy sigue habiendo montones de gente que vive el triduo de carnaval en modo diverso. Sigue habiendo muchas personas que, esos tres días, se atreven a nadar contra corriente. Menos mal que hay hombres y mujeres que se esfuerzan, también durante el carnaval, por ser y respetar lo que de verdad son, dominando sus pasiones desordenadas y bajos instintos.

Menos mal que aún hay bastantes seres humanos que se saben cristianos, se dicen cristianos y no les da vergüenza vivir como tales, incluso los días de carnaval. Son gente que no necesita quitarse ni ponerse careta alguna. No tienen que ocultar nada. Gente extraordinaria, pero que no va hacer noticia esos tres días, ni tampoco los 362 restantes del año. Claro, esas noticias incomodan. Porque siempre incomoda toparse con alguien que va contra corriente.

Menos mal que aún hoy podemos apreciar el milagro de cientos y miles de personas (también muchos jóvenes) dentro y fuera de conventos y seminarios que pasan esos tres días, por turnos, en adoración de rodillas ante el Santísimo Sacramento. Y lo hacen explícitamente para desagraviar al Corazón de Cristo por toda la basura y miseria de pecado e infamia que en el mundo se le está escupiendo en la cara a Cristo esos días. Menos mal que, gracias a ellos y ellas, a nuestro planeta le queda algo de humanidad tras tanto degrado en carnaval. Gracias a esas personas, el ambiente terráqueo puede aún ser respirable después de esos días de intoxicación general.

En fin, menos mal que aún se pueden contar cantidad de hombres y mujeres que aprovechan el Carnaval y la Cuaresma para crecer como hombres y como mujeres. Que viven esos períodos sin miedo a ser lo que deben ser ante todo el mundo. No tienen que acobardarse de nada y ante nadie. Más bien tienen mucho que ostentar. Y lo hacen con aplomo. Gritan sin palabras a sus contemporáneos que además de un cuerpo, tienen un alma. Testimonian con su vida que lo más importante, para toda persona, es lo que le hace crecer humana y espiritualmente, y no lo que le degrada o envilece.

¿Por qué no demostrar cada uno de nosotros el coraje de sumarnos a ellos? Tratemos de vivir el carnaval aplastando un poco la materia para liberar el espíritu y no al revés. Luchemos por vivir la cuaresma elevándonos como hombres para acercarnos más a Dios. Y el hombre se eleva cuando es capaz de soltar sus lastres. Esos lastres pesados del pecado, que se sueltan con el arrepentimiento, el perdón de Dios y el propósito sincero de enmendar la propia vida.

El reto puede ser arduo. Lo es sin duda. La corriente en contra puede parecer arrolladora. Pero sólo los peces muertos no son capaces de nadar contra corriente.

Jornada Misionera 2012 (Combos y Costos)

Aquí le traemos los precios de los combos para las Jornadas Misioneras de Semana Santa 2012, para que se vayan organizando por obras y vayan calculando más o menos cuantos combos y cuales serán.

Por favor comunicarse con:
- Marbelys Martínez (0426-151-44-84) - Barquisimeto
Correo: m_marbelys@hotmail.com Facebook | Twitter


Yohan Carmona (0416-156-77-32) - Duaca
Correo: elpeluojohan@hotmail.com Facebook | Twitter
O enviar un correo a: mjsezidel@gmail.com